Editorial 69
Editorial 69
Habría querido escribir sobre la ética del descanso. Vengo leyendo últimamente sobre el tiempo, sobre la economía de la atención y sus efectos y sobre todo en la importancia vital de descansar, de sustraer nuestros cuerpos y nuestras vidas -al menos un tiempo breve- de su condición de herramientas en el concierto de las cosas.
Llega el verano. El sol alto en el cielo parece ralentizar el mundo, invitando a una pausa. Podríamos pensar, desear, proponernos, hacer un paréntesis en el ciclo de la productividad para “perder el tiempo”, porque quizás en ese gesto resida una clave para ganarnos a nosotros mismos. Los invito a una reflexión algo más profunda en este comienzo de año cuando quizás nos tomamos el momento tan ansiado de “las vacaciones”: ¿qué hacemos con nuestro tiempo cuando nadie nos lo demanda?
Alguna vez leí al filósofo francés Blaise Pascal quien mucho antes -y menos solemnemente- que Byung Chul Han observó que "gran parte de los problemas humanos provienen de la incapacidad del hombre de sentarse tranquilo, solo en una habitación a pensar". No es sencillo adentrarnos en el silencio, disfrutar del ocio verdadero, porque en esos momentos nos encontramos con nuestra esencia, con nuestras preguntas no resueltas. El verano, con su luz implacable y su calor envolvente, puede ser ese espejo. Sería hermoso poder pensar este tiempo y ese modo de estar no como evasión, sino como encuentro.
Saber "perder el tiempo" no es negligencia; puede convertirse en un acto ético de resistencia. Resistencia contra la tiranía del siempre ocupado, contra la ansiedad del rendimiento constante. Propongo que sea un espacio para la contemplación -probemos ver una puesta de sol sin sacarle una foto-; una conversación profunda, de esas que nacen en mesas compartidas, sin apuros; en un reencuentro con nuestros cuerpos, sentir el agua, el viento, el cansancio después de un largo paseo sin destino. O quizás, algo que llamaré precariamente “la siembra interior”; permitir que ideas, sueños, recuerdos, sedimenten y tomen nuevas formas.
En estos modos de descanso activo, en esta pausa consciente, podemos cultivamos el bienestar integral. Porque no se trata solo de la ausencia de malestar, sino la presencia de una armonía profunda entre lo que somos y cómo vivimos. Es escuchar el ritmo propio, a contrapelo del ruido del mundo.
Es en este espíritu que pensamos desde Fundación Medifé nuestras acciones más importantes del verano: el programa #Coincidir que diseñamos junto al Viejo Hotel Ostende y transcurre -abierto a todo el público que esté en la costa- en ese hermoso e histórico hotel. Allí habrá activaciones culturales en distintos espacios, la playa, el parador, el bar, la pileta. La programación para enero está disponible en la web. Y además, recordarles el gran plan de cine al aire libre con música en vivo que tendrá lugar en MALBA Puertos el 17 de enero a las 20 h. con la proyección de Nosferatu de Friedrich Murnau y los músicos Leo y Luna Sujatovich tocando para quienes asistan.
Les deseo un hermoso verano, y reitero la invitación a un ejercicio revolucionario: regalarnos alguna pausa en la que no hacer nada con propósito. Perdamos algún tiempo para encontramos porque es desde ese lugar de plenitud desde donde podremos construir entornos más sanos. El tiempo que “perdemos” en ser, es el único que verdaderamente habremos ganado.
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé
Habría querido escribir sobre la ética del descanso. Vengo leyendo últimamente sobre el tiempo, sobre la economía de la atención y sus efectos y sobre todo en la importancia vital de descansar, de sustraer nuestros cuerpos y nuestras vidas -al menos un tiempo breve- de su condición de herramientas en el concierto de las cosas.
Llega el verano. El sol alto en el cielo parece ralentizar el mundo, invitando a una pausa. Podríamos pensar, desear, proponernos, hacer un paréntesis en el ciclo de la productividad para “perder el tiempo”, porque quizás en ese gesto resida una clave para ganarnos a nosotros mismos. Los invito a una reflexión algo más profunda en este comienzo de año cuando quizás nos tomamos el momento tan ansiado de “las vacaciones”: ¿qué hacemos con nuestro tiempo cuando nadie nos lo demanda?
Alguna vez leí al filósofo francés Blaise Pascal quien mucho antes -y menos solemnemente- que Byung Chul Han observó que "gran parte de los problemas humanos provienen de la incapacidad del hombre de sentarse tranquilo, solo en una habitación a pensar". No es sencillo adentrarnos en el silencio, disfrutar del ocio verdadero, porque en esos momentos nos encontramos con nuestra esencia, con nuestras preguntas no resueltas. El verano, con su luz implacable y su calor envolvente, puede ser ese espejo. Sería hermoso poder pensar este tiempo y ese modo de estar no como evasión, sino como encuentro.
Saber "perder el tiempo" no es negligencia; puede convertirse en un acto ético de resistencia. Resistencia contra la tiranía del siempre ocupado, contra la ansiedad del rendimiento constante. Propongo que sea un espacio para la contemplación -probemos ver una puesta de sol sin sacarle una foto-; una conversación profunda, de esas que nacen en mesas compartidas, sin apuros; en un reencuentro con nuestros cuerpos, sentir el agua, el viento, el cansancio después de un largo paseo sin destino. O quizás, algo que llamaré precariamente “la siembra interior”; permitir que ideas, sueños, recuerdos, sedimenten y tomen nuevas formas.
En estos modos de descanso activo, en esta pausa consciente, podemos cultivamos el bienestar integral. Porque no se trata solo de la ausencia de malestar, sino la presencia de una armonía profunda entre lo que somos y cómo vivimos. Es escuchar el ritmo propio, a contrapelo del ruido del mundo.
Es en este espíritu que pensamos desde Fundación Medifé nuestras acciones más importantes del verano: el programa #Coincidir que diseñamos junto al Viejo Hotel Ostende y transcurre -abierto a todo el público que esté en la costa- en ese hermoso e histórico hotel. Allí habrá activaciones culturales en distintos espacios, la playa, el parador, el bar, la pileta. La programación para enero está disponible en la web. Y además, recordarles el gran plan de cine al aire libre con música en vivo que tendrá lugar en MALBA Puertos el 17 de enero a las 20 h. con la proyección de Nosferatu de Friedrich Murnau y los músicos Leo y Luna Sujatovich tocando para quienes asistan.
Les deseo un hermoso verano, y reitero la invitación a un ejercicio revolucionario: regalarnos alguna pausa en la que no hacer nada con propósito. Perdamos algún tiempo para encontramos porque es desde ese lugar de plenitud desde donde podremos construir entornos más sanos. El tiempo que “perdemos” en ser, es el único que verdaderamente habremos ganado.
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé



