Editorial 73
Editorial 73
Fundación Medifé y la EAO (Escuela de artes y oficios @la-eao) que acompañamos desde hace varios años abrió una nueva convocatoria para artistas. Esta edición nos encontrará trabajando en el Museo de la Cárcova, perteneciente a la Universidad Nacional de Artes (UNA). Aprovecho la ocasión para una breve reflexión sobre el molde y el acto mismo de “volver a hacer”.
El gesto de moldear y copiar ha sido, durante siglos, el fundamento de la transmisión del saber artístico y artesanal. Sin embargo, a partir de la modernidad -y la centralidad del sujeto- se produjo una ruptura radical con este principio a favor de resaltar el culto a la originalidad, la autoría y la genialidad individual; así, el academicismo —y sus talleres de vaciado en yeso— fueron desplazados. La copia pasó a ser vista como una técnica subordinada, carente de valor creativo, mientras que el molde se asoció casi exclusivamente con la producción industrial en serie.
Se nos enseñó a sospechar de la copia. Se instauró la idea de que la obra de arte debía ser un estallido de genio individual, libre de intermediaciones o repeticiones mecánicas. El filósofo alemán Walter Benjamin ya advertía sobre cómo la reproductibilidad técnica podía desgastar el aura de la obra original. No obstante, al desterrar el gesto de la copia, la educación artística corrió el riesgo de perder el contacto íntimo con el proceso material y el aprendizaje a través del hacer.
Cuando entendemos la copia únicamente como una falsificación o un duplicado sin alma, ignoramos su dimensión pedagógica y estética. El molde no es un simple clon; es una matriz, un espacio de contención que preserva la huella. Es una prótesis de la memoria.
Revisitar el arte de los moldes desde una perspectiva humanista, estética e incluso del orden de lo filosófico nos permite reconceptualizar la copia. El molde nos devuelve la materialidad de las cosas: exige un conocimiento preciso del volumen, de las texturas y de las resistencias de los materiales (como el yeso, la arcilla o la resina). Los oficiantes, los artistas y quienes sean seleccionados para esta edición de la EAO tendrán la ocasión de ofrecer su saber para una cierta rehabilitación del molde como gesto de pensamiento y creación.
En este sentido, la copia deja de ser una mera reproducción para convertirse en un ejercicio de traducción. Traducir una forma de un medio a otro implica una toma de decisiones estética y ética. Nos obliga a mirar el objeto original con mayor detenimiento, a observar los detalles que escapan a la primera mirada y a comprender la anatomía de los objetos y las formas.
Rescatar la posibilidad de "volver a hacer" no significa promover un retorno a la mímesis tradicional o a la falta de innovación. Al contrario, es una reivindicación del hacer como forma de pensamiento y como espacio de cuidado: el molde nos permite explorar el tacto y la repetición consciente. Es un proceso donde el error y el ajuste continuo enriquecen la experiencia estética y ofrecen la ocasión de una continuidad cultural a través de la reproducción consciente que transmite saberes y técnicas rescatándolas de la pulsión actual de su hipervirtualización o la mismísima inmediatez de lo contemporáneo.
Para la fundación de una empresa de salud a la que le interesa el trabajo y la ética del cuidado esta labor de la EAO es una clave de atención al tiempo que nos beneficia en términos de bienestar y armonía con cada uno, entre todos y en el mundo que habitamos. Ofrecemos una dilatación del tiempo, para hacerlo más lento y reflexivo, eximimos a la acción del valor de la novedad para centrarnos en la profundidad de los procesos y el cuidado que ponemos en las cosas que hacemos.
El molde y la copia, lejos de anular la creatividad, ofrecen una gramática sobre la cual construir nuevas expresiones. Permiten el diálogo con la historia de los objetos y entender que crear también es, en sus raíces más profundas, un acto de escucha y de cuidado hacia la forma que nos precede.
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé
Fundación Medifé y la EAO (Escuela de artes y oficios @la-eao) que acompañamos desde hace varios años abrió una nueva convocatoria para artistas. Esta edición nos encontrará trabajando en el Museo de la Cárcova, perteneciente a la Universidad Nacional de Artes (UNA). Aprovecho la ocasión para una breve reflexión sobre el molde y el acto mismo de “volver a hacer”.
El gesto de moldear y copiar ha sido, durante siglos, el fundamento de la transmisión del saber artístico y artesanal. Sin embargo, a partir de la modernidad -y la centralidad del sujeto- se produjo una ruptura radical con este principio a favor de resaltar el culto a la originalidad, la autoría y la genialidad individual; así, el academicismo —y sus talleres de vaciado en yeso— fueron desplazados. La copia pasó a ser vista como una técnica subordinada, carente de valor creativo, mientras que el molde se asoció casi exclusivamente con la producción industrial en serie.
Se nos enseñó a sospechar de la copia. Se instauró la idea de que la obra de arte debía ser un estallido de genio individual, libre de intermediaciones o repeticiones mecánicas. El filósofo alemán Walter Benjamin ya advertía sobre cómo la reproductibilidad técnica podía desgastar el aura de la obra original. No obstante, al desterrar el gesto de la copia, la educación artística corrió el riesgo de perder el contacto íntimo con el proceso material y el aprendizaje a través del hacer.
Cuando entendemos la copia únicamente como una falsificación o un duplicado sin alma, ignoramos su dimensión pedagógica y estética. El molde no es un simple clon; es una matriz, un espacio de contención que preserva la huella. Es una prótesis de la memoria.
Revisitar el arte de los moldes desde una perspectiva humanista, estética e incluso del orden de lo filosófico nos permite reconceptualizar la copia. El molde nos devuelve la materialidad de las cosas: exige un conocimiento preciso del volumen, de las texturas y de las resistencias de los materiales (como el yeso, la arcilla o la resina). Los oficiantes, los artistas y quienes sean seleccionados para esta edición de la EAO tendrán la ocasión de ofrecer su saber para una cierta rehabilitación del molde como gesto de pensamiento y creación.
En este sentido, la copia deja de ser una mera reproducción para convertirse en un ejercicio de traducción. Traducir una forma de un medio a otro implica una toma de decisiones estética y ética. Nos obliga a mirar el objeto original con mayor detenimiento, a observar los detalles que escapan a la primera mirada y a comprender la anatomía de los objetos y las formas.
Rescatar la posibilidad de "volver a hacer" no significa promover un retorno a la mímesis tradicional o a la falta de innovación. Al contrario, es una reivindicación del hacer como forma de pensamiento y como espacio de cuidado: el molde nos permite explorar el tacto y la repetición consciente. Es un proceso donde el error y el ajuste continuo enriquecen la experiencia estética y ofrecen la ocasión de una continuidad cultural a través de la reproducción consciente que transmite saberes y técnicas rescatándolas de la pulsión actual de su hipervirtualización o la mismísima inmediatez de lo contemporáneo.
Para la fundación de una empresa de salud a la que le interesa el trabajo y la ética del cuidado esta labor de la EAO es una clave de atención al tiempo que nos beneficia en términos de bienestar y armonía con cada uno, entre todos y en el mundo que habitamos. Ofrecemos una dilatación del tiempo, para hacerlo más lento y reflexivo, eximimos a la acción del valor de la novedad para centrarnos en la profundidad de los procesos y el cuidado que ponemos en las cosas que hacemos.
El molde y la copia, lejos de anular la creatividad, ofrecen una gramática sobre la cual construir nuevas expresiones. Permiten el diálogo con la historia de los objetos y entender que crear también es, en sus raíces más profundas, un acto de escucha y de cuidado hacia la forma que nos precede.
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé



