Bordear lo imposible: la cultura como experiencia de bienestar
Bordear lo imposible: la cultura como experiencia de bienestar
¿Por qué volver a hablar del amor cuando parece que ya se dijo todo? Tal vez porque, por más que intentemos encasillarlo, medirlo o explicarlo, el amor es aquello que siempre se nos escapa por los bordes. Hablar de amor sigue siendo hoy una urgencia, una forma de insistir en lo verdaderamente humano.
Vivimos en un tiempo atravesado por la exigencia de certezas inmediatas y respuestas rápidas. Nos ofrecen algoritmos diseñados para sugerirnos a la pareja ideal, consejos de autoayuda para vincularnos “sin correr riesgos” y recetas digitales que pretenden ahorrarnos el malestar. Sin embargo, el afecto verdadero se resiste al cálculo: el amor aparece como una sorpresa, un tropiezo, un equívoco o una coincidencia inesperada. No viene con manual de instrucciones ni ofrece garantías previas a la experiencia. Y es precisamente allí donde reside su misterio, su encanto, su desafío.
Por eso, cuando desde el área de Salud Mental de Medifé nos propusieron auspiciar juntos la obra teatral Qué gran invento el amor: música y neurosis, concebida por la psicoanalista Alexandra Kohan junto a Andrés Caminos y Gadiel Sztryk, supimos de inmediato que teníamos que estar presentes. Esta propuesta logra vincular tres lenguajes profundamente transformadores: la soltura del humor, la agudeza del psicoanálisis y la calidez expresiva de la música.
Comienzo con una cita del libro de Alexandra, “El humor te despierta el cuerpo porque la risa te despierta. Desarma la pretensión de control sobre nosotros mismos, intercepta la solemnidad y abre un espacio donde algo nuevo se hace posible.”
Las canciones no intentan explicar el amor; apenas se aproximan a bordearlo y nos dan refugio justo allí donde la palabra estricta resulta insuficiente. El psicoanálisis, por su parte, nos invita a escuchar la singularidad de cada biografía sin apresurar respuestas universales ni dogmáticas. Y el humor suaviza los desencuentros cotidianos, permitiéndonos restituir la empatía donde una discusión interminable lo habría desgastado todo.
Acompañar este proyecto en la sala Dumont 4040 expresa de manera transparente el propósito que nos mueve en Fundación Medifé: entender que la salud no se limita a la ausencia de enfermedad ni a la sola asistencia de cuestiones orgánicas. La salud es también la capacidad de sostener una vida deseante, habitada por la cultura, la reflexión colectiva y la posibilidad de encontrarnos a disfrutar juntos de un evento artístico.
Apostamos a hablar del amor no para cerrar la discusión ni para clausurar el debate, sino para mantener viva la pregunta, abrir el juego y seguir inventándolo cada día. Porque, como tan bellamente nos sugiere la obra, si supiéramos de antemano cómo funciona, sencillamente no sería un invento.
Daniela Gutierrez
Gerenta general
Fundación Medifé
¿Por qué volver a hablar del amor cuando parece que ya se dijo todo? Tal vez porque, por más que intentemos encasillarlo, medirlo o explicarlo, el amor es aquello que siempre se nos escapa por los bordes. Hablar de amor sigue siendo hoy una urgencia, una forma de insistir en lo verdaderamente humano.
Vivimos en un tiempo atravesado por la exigencia de certezas inmediatas y respuestas rápidas. Nos ofrecen algoritmos diseñados para sugerirnos a la pareja ideal, consejos de autoayuda para vincularnos “sin correr riesgos” y recetas digitales que pretenden ahorrarnos el malestar. Sin embargo, el afecto verdadero se resiste al cálculo: el amor aparece como una sorpresa, un tropiezo, un equívoco o una coincidencia inesperada. No viene con manual de instrucciones ni ofrece garantías previas a la experiencia. Y es precisamente allí donde reside su misterio, su encanto, su desafío.
Por eso, cuando desde el área de Salud Mental de Medifé nos propusieron auspiciar juntos la obra teatral Qué gran invento el amor: música y neurosis, concebida por la psicoanalista Alexandra Kohan junto a Andrés Caminos y Gadiel Sztryk, supimos de inmediato que teníamos que estar presentes. Esta propuesta logra vincular tres lenguajes profundamente transformadores: la soltura del humor, la agudeza del psicoanálisis y la calidez expresiva de la música.
Comienzo con una cita del libro de Alexandra, “El humor te despierta el cuerpo porque la risa te despierta. Desarma la pretensión de control sobre nosotros mismos, intercepta la solemnidad y abre un espacio donde algo nuevo se hace posible.”
Las canciones no intentan explicar el amor; apenas se aproximan a bordearlo y nos dan refugio justo allí donde la palabra estricta resulta insuficiente. El psicoanálisis, por su parte, nos invita a escuchar la singularidad de cada biografía sin apresurar respuestas universales ni dogmáticas. Y el humor suaviza los desencuentros cotidianos, permitiéndonos restituir la empatía donde una discusión interminable lo habría desgastado todo.
Acompañar este proyecto en la sala Dumont 4040 expresa de manera transparente el propósito que nos mueve en Fundación Medifé: entender que la salud no se limita a la ausencia de enfermedad ni a la sola asistencia de cuestiones orgánicas. La salud es también la capacidad de sostener una vida deseante, habitada por la cultura, la reflexión colectiva y la posibilidad de encontrarnos a disfrutar juntos de un evento artístico.
Apostamos a hablar del amor no para cerrar la discusión ni para clausurar el debate, sino para mantener viva la pregunta, abrir el juego y seguir inventándolo cada día. Porque, como tan bellamente nos sugiere la obra, si supiéramos de antemano cómo funciona, sencillamente no sería un invento.
Daniela Gutierrez
Gerenta general
Fundación Medifé



